Corazón de Jesús: Hijo del Eterno
Padre
2
de junio, 1985
Hoy, primer
domingo del mes de junio, la Iglesia
encuentra en el Corazón de Cristo
el acceso al Dios que es la Santísima
Trinidad: al Padre, al Hijo y al Espíritu
Santo. Este único Dios - Uno y
Trino a la vez - es un misterio
inefable de la fe. Verdaderamente él
"habita en una luz inaccesible"
(1 Tm 6,16).
Y, al mismo
tiempo, el Dios infinito ha
permitido que le abrace el Corazón
de un Hombre cuyo nombre es Jesús
de Nazaret, Jesucristo. Y a través
del Corazón del Hijo, Dios Padre se
acerca también a nuestros corazones
y viene a ellos. Y así cada uno de
nosotros es bautizado "en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo". Cada uno de nosotros
está inmerso, desde el principio,
en el Dios Uno y Trino, en el Dios
vivo, en el Dios vivificante. A este
Dios lo confesamos como Espíritu
Santo que, procediendo del Padre y
del Hijo, "da la vida".
2. El Corazón de
Jesús fue "formado por el Espíritu
Santo en el seno de la Virgen
Madre". El Dios que "da la
vida" y "se entrega al
hombre" comenzó la obra de su
economía salvífica haciéndose
hombre. Justamente en la concepción
virginal y en su nacimiento de María,
comienza su corazón humano "formado
por el Espíritu Santo en el seno de
la Virgen Madre".
A este Corazón
queremos venerar durante el mes de
junio. A este Corazón hoy mismo
queremos hacerle singular fiduciario
de nuestros pobres corazones humanos,
de los corazones probados de
diversas maneras, oprimidos de
diversos modos. Y también de los
corazones confiados en la potencia
del mismo Dios y en la potencia salvífica
de la Santísima Trinidad.
3.
María, Madre
Virgen, que conoces mejor que
nosotros el Corazón Divino de tu
Hijo, únete a nosotros hoy en esta
adoración a la Santísima Trinidad
e igualmente en la humilde oración
por la Iglesia y el mundo. Tu sola
eres la guía de nuestra plegaria.
Corazón de Jesús, formado por el
Espíritu Santo en el seno de la
Virgen Madre
27
de junio, 1982
1.Así rezamos en las letanías al
Sacratísimo Corazón. Esta
invocación se refiere directamente
al misterio que meditamos, al rezar
el Ángelus: por obra del Espíritu
Santo fue formada en el seno de la
Virgen de Nazaret la Humanidad de
Cristo, Hijo del Eterno Padre.
¡Por obra del
Espíritu Santo fue formado en esta
Humanidad el Corazón! El Corazón,
que es el órgano central del
organismo humano de Cristo y, a la
vez, el verdadero símbolo de su
vida interior: del pensamiento, de
la voluntad, de los sentimientos.
Mediante este Corazón la Humanidad
de Cristo es, de modo particular,
"el templo de Dios" y, al
mismo tiempo, mediante este Corazón,
está incesantemente abierta al
hombre y a todo lo que es "humano".
"Corazón de Jesús de cuya
plenitud todos hemos recibido".
2. El mes de
junio está dedicado, de modo
especial, a la veneración del Corazón
divino. No sólo un día, la fiesta
litúrgica que, de ordinario, cae en
junio, sino todos los días. Con
esto se vincula la devota práctica
de rezar o cantar cotidianamente las
letanías al Sacratísimo Corazón
de Jesús.
Las letanías del
Corazón de Jesús se inspiran
abundantemente en las fuentes bíblicas
y, al mismo tiempo, reflejan las
experiencias más profundas de los
corazones humanos. Son, a la vez,
oración de veneración y de diálogo
auténtico. Hablamos en ellas del
corazón y, al mismo tiempo, dejamos
a los corazones hablar con este único
Corazón, que es "fuente de
vida y de santidad" y "deseo
de los collados eternos". Del
Corazón que es "paciente y
lleno de misericordia" y "generoso
para todos los que le invocan".
Esta oración,
rezada y meditada, se convierte en
una verdadera escuela del hombre
interior: la escuela del cristiano.
La solemnidad del
Sacratísimo Corazón de Jesús nos
recuerda, sobre todo, los momentos
en que este Corazón fue "traspasado
por la lanza" y, mediante esto,
abierto de manera
"Visible" al hombre y al
mundo.
Al rezar las
letanías - y en general al venerar
al Corazón Divino -conocemos el
misterio de la redención en toda su
divina y, a la vez, humana
profundidad. Simultáneamente, nos
hacemos sensibles a la necesidad de
reparación. Cristo nos abre su
Corazón para que nos unamos con El
en su reparación por la salvación
del mundo. Hablar del Corazón
Traspasado es decir toda la verdad
de su Evangelio y de la Pascua.
Tratemos de
captar cada vez mejor este lenguaje.
Aprendámoslo.
2 de
julio, 1989
1. El 2 de junio
pasado, hace exactamente un mes,
celebramos la solemnidad del Sagrado
Corazón de Jesús. Quiero reanudar
junto con vosotros la meditación
sobre las riquezas de este Corazón
Divino, continuando la reflexión ya
iniciada hace tiempo acerca de las
letanías dedicadas a El.
Una de las
invocaciones más profundas de tales
letanías dice así: "Corazón
de Jesús, formado por el Espíritu
Santo en el seno de la Virgen Madre,
ten misericordia de nosotros."
Encontramos aquí el eco de un
articulo central del Credo, en el
que profesamos nuestra fe en "Jesucristo,
Hijo único de Dios", que
"bajo del cielo, y por obra del
Espíritu Santo se encarnó de María,
la Virgen, y se hizo hombre."
La santa humanidad de Cristo es, por
consiguiente, obra del Espíritu
divino y de la Virgen de Nazaret.
2. Es obra del
Espíritu. Esto afirma explícitamente
el Evangelista Mateo refiriendo las
palabras del Ángel a José:
"Lo engendrado en Ella (María)
es del Espíritu Santo"
(Mt1,20); y lo afirma también el
Evangelista Lucas, recordando las
palabras de Gabriel a María:
"El Espíritu Santo vendrá
sobre ti y el poder del Altísimo te
cubrirá con su sombra" (Lc
1,35).
El Espíritu ha
plasmado la santa humanidad de
Cristo: su cuerpo y su alma, con
toda la inteligencia, la voluntad,
la capacidad de amar. En una palabra,
ha plasmado su corazón. La vida de
Cristo ha sido puesta enteramente
bajo el signo del Espíritu. Del Espíritu
le viene la sabiduría que llena de
estupor a los doctores de la ley y a
sus conciudadanos, el amor que acoge
y perdona a los pecadores, la
misericordia que se inclina hacia la
miseria del hombre, la ternura que
bendice y abraza a los niños, la
comprensión que alivia el dolor de
los afligidos. Es el Espíritu quien
dirige los pasos de Jesús, lo
sostiene en las pruebas, sobre todo
lo guía en su camino hacia Jerusalén,
donde ofrecerá el sacrificio de la
Nueva Alianza, gracias al cual se
encenderá el fuego que El trajo a
la tierra (Le 12,49).
3. Por otra parte,
la humanidad de Cristo es también
obra de la Virgen. El Espíritu
plasmó el Corazón de Cristo en el
seno de María, que colaboró
activamente con El como madre y como
educadora.
...como Madre,
Ella se adhirió consciente y
libremente al proyecto salvífico de
Dios Padre, siguiendo en un silencio
lleno de adoración, el misterio de
la vida que en Ella había brotado y
se desarrollaba;
...como
educadora,
Ella plasmó el Corazón de su
propio Hijo, introduciéndolo, junto
con San José, en las tradiciones
del pueblo elegido, inspirándole el
amor a la ley del Señor, comunicándole
la espiritualidad de los "pobres
del Señor." Ella lo ayudó a
desarrollar su inteligencia y
seguramente ejerció influjo en la
formación de su temperamento. Aun
sabiendo que su Niño la trascendía
por ser "Hijo del Altísimo"
(cf. Lc 1,32), no por ello la Virgen
fue menos solicita de su educación
humana (cf. Lc. 2,51).
Por tanto podemos
afirmar con verdad: en el Corazón
de Cristo brilla la obra admirable
del Espíritu Santo: en El se hallan
también los reflejos del corazón
de la Madre. Tanto el corazón de
cada cristiano como el Corazón de
Cristo: dócil a la acción del Espíritu,
dócil a la voz de la Madre.
Corazón de Jesús, unido
sustancialmente al Verbo de Dios
9
de julio, 1989
1. La expresión
"Corazón de Jesús" nos
hace pensar inmediatamente en la
humanidad de Cristo, y subraya su
riqueza de sentimientos, su compasión
hacia los enfermos, su predilección
por los pobres, su misericordia
hacia los pecadores, su ternura
hacia los niños, su fortaleza en la
denuncia de la hipocresía, del
orgullo y de la violencia, su
mansedumbre frente a sus adversarios,
su celo por la gloria del Padre y su
júbilo por sus misteriosos y
providentes planes de gracia.
Con relación a
los hechos de la pasión, la expresión
Corazón de Jesús" nos hace
pensar también en la tristeza de
Cristo por la traición de Judas, el
desconsuelo por la soledad, la
angustia ante la muerte, el abandono
filial y obediente en las manos del
Padre. Y nos habla sobre todo del
amor que brota sin cesar de su
interior: amor infinito hacia el
Padre y amor sin límites hacia el
hombre.
2. Ahora bien,
este Corazón humanamente tan rico,
"está unido - como nos
recuerda la invocación -, a la
Persona del Verbo de Dios". Jesús
es el Verbo de Dios Encarnado: en El
hay una sola Persona, la eterna del
Verbo, subsistente en dos
naturalezas, la divina y la humana.
Jesús es uno, en la realidad, la
angustia ante la muerte, al mismo
tiempo perfecto en su divinidad y
perfecto en nuestra humanidad: es
igual al Padre por lo que se refiere
a la naturaleza divina, e igual a
nosotros por lo que se refiere a su
naturaleza humana: verdadero Hijo de
Dios y verdadero Hijo del hombre. El
Corazón de Jesús, por tanto, desde
el momento de la Encarnación, ha
estado y estará siempre unido a la
Persona del Verbo de Dios.
Por la unión del
Corazón de Jesús a la Persona del
Verbo de Dios podemos decir: en Jesús
Dios ama humanamente, sufre
humanamente, goza humanamente. Y
viceversa: en Jesús el amor humano,
el sufrimiento humano, la gloria
humana adquieren intensidad y poder
divinos.
3. Queridos
hermanos y hermanas: Reunidos para
la oración del Ángelus,
contemplemos con María el Corazón
de Cristo. La Virgen vivió en la fe,
día tras día, junto a su Hijo Jesús:
sabía que la carne de su Hijo había
florecido de su carne virginal, pero
intuía que El, por ser "Hijo
del Altísimo" (Lc 1,32), la
trascendía infinitamente: el Corazón
de su Hijo estaba "unido a la
Persona del Verbo".
Por esto, Ella lo
amaba como Hijo suya y al, mismo
tiempo lo adoraba como a su Señor y
su Dios. Que Ella nos conceda también
a nosotros amar y adorar a Cristo,
Dios y Hombre, sobre todas las cosas,
"con todo el corazón, con toda
el alma y con toda la mente"
(cf. Mt 22,37). De esta manera,
siguiendo su ejemplo, seremos objeto
de las predilecciones divinas y
humanas del Corazón de su Hijo.
Corazón de Jesús, de Majestad
Infinita
16
de junio, 1985
1. Por medio del
Corazón Inmaculado de María
queremos dirigirnos al Corazón
Divino de su Hijo, al Corazón de
Jesús, de Majestad infinita.
Mirad: la
infinita Majestad de Dios se oculta
en el Corazón humano del Hijo de
María. Este Corazón es nuestra
Alianza. Este Corazón es la máxima
cercanía de Dios con relación a
los corazones humanos y a la
historia humana. Este Corazón es la
maravillosa "condescendencia"
de Dios: el Corazón humano que late
con la vida divina: la vida divina
que late en el corazón humano.
2. En la Santísima
Eucaristía descubrimos con el
"sentido de la fe" el
mismo Corazón, -el Corazón de
Majestad infinita- que continúa
latiendo con el amor humano de
Cristo, Dios-Hombre.
¡Cuán
profundamente sintió este amor el
Santo Papa Pío X! Cuánto deseó
que todos los cristianos, desde los
años de la infancia, se acercasen a
la Eucaristía, recibiendo la santa
comunión: para que se unieran a
este Corazón que es, al mismo
tiempo, para cada uno de los hombres
"Casa de Dios y Puerta del
Cielo".
"Casa"
ya que, mediante la comunión Eucarística
el Corazón de Jesús extiende su
morada a cada uno de los corazones
humanos.
"Puerta"
porque en cada uno de estos
corazones humanos, El abre la
perspectiva de la eterna unión con
la Santísima Trinidad.
3. ¡Madre de
Dios! Mientras meditamos el misterio
de tu Anunciación, nos acercamos a
este Corazón Divino, el Corazón de
Majestad infinita, Casa de Dios y
Puerta del cielo; a este Corazón
que, desde el momento de la
Anunciación del Ángel, comenzó a
latir junto a tu Corazón virginal y
materno.
Corazón de Jesús, Templo Santo de
Dios
9
de junio, 1985
1. A la hora de
la común oración del Ángelus, nos
dirigimos, juntamente con María -
por medio de su Corazón Inmaculado
- al Corazón Divino de su Hijo.
¡Corazón de Jesús
- Templo santo de Dios!
¡Corazón de Jesús
- Tabernáculo del Altísimo!
Corazón de un
Hombre semejante a tantos otros
corazones humanos y, a la vez, Corazón
de Dios-Hijo. Por tanto, sí
es verdad que cada uno de los
hombres 'habita"- de algún
modo, en su corazón, entonces, en
el Corazón del Hombre de Nazaret,
de Jesucristo, habita Dios. Es
"templo de Dios" por ser
Corazón de este hombre.
2. Dios-Hijo está
unido con el Padre, como Verbo
Eterno. "Dios de Dios, Luz de
Luz... engendrado no creado".
El Hijo está unido con el Padre en
el Espíritu Santo, que es el "soplo"
del Padre y del Hijo y es, en la
Divina Trinidad, la Persona-Amor. El
Corazón del Hombre Jesucristo es,
pues, en el sentido trinitario,
"Templo de Dios": es el
templo interior del Hijo que está
unido con el Padre en el Espíritu
Santo mediante la unidad de la
Divinidad. ¡Qué inescrutable
permanece el misterio de este Corazón,
que es "Templo de Dios" y
"Tabernáculo del Altísimo".
3. Al mismo
tiempo, es la verdadera "morada
de Dios con los hombres" (Ap
21,3), porque el Corazón de Jesús,
en su templo interior abrazo a todos
los hombres. Todos habitan allí,
abrazados por el eterno amor. A
todos pueden dirigirse - en el Corazón
de Jesús - las palabras del Profeta:
"Con amor
eterno te amé, por eso prolongué
mi misericordia" (Jer 31,3).
4. Que esta
fuerza del eterno amor que está en
el Corazón Divino de Jesús, se
comunique hoy de modo particular a
los jóvenes que reciben la
confirmación. En ellos debe habitar
de modo particular el Espíritu
Santo. Que se conviertan, pues,
también sus corazones a semejanza
de Cristo - en "templo santo de
Dios" y "tabernáculo del
Altísimo". Con frecuencia he oído
cantar a los jóvenes: "¿Vosotros
sabéis que sois un templo?" Sí,
somos templo de Dios y el Espíritu
Santo habita en nosotros, según las
palabras de San Pablo (cf. 1 Cor
3,16).
5. Por medio del
Corazón Inmaculado de María
permanezcamos en la Alianza con el
Corazón de Jesús que es "Templo
de Dios" el más espléndido
"Tabernáculo del Altísimo",
el más perfecto.
Corazón de Jesús, Horno Ardiente de
Caridad
23
de junio, 1985
Durante la oración
del Ángelus deseamos dirigir,
juntamente con la Madre de Dios,
nuestros corazones hacia el Corazón
de su Hijo Divino. Nos hablan
profundamente las invocaciones de
estas espléndidas letanías, que
rezamos o cantamos sobre todo en el
mes de junio. Que la Madre nos ayude
a entender mejor los misterios del
Corazón de su Hijo.
2. "Horno de
caridad" El horno arde. Al
arder, quema todo lo material, sea
leña u otra sustancia fácilmente
combustible. El Corazón de Jesús,
el Corazón humano de Jesús, quema
con el amor que lo colma. Y este es
el amor al Eterno Padre y el amor a
los hombres; a las hijas y los hijos
adoptivos. El horno, quemando, poco
a poco se apaga. El Corazón de Jesús,
en cambio, es horno inextinguible.
En esto se parece a la "zarza
ardiente" del libro del Éxodo,
en la que Dios se reveló a Moisés.
Era una zarza que ardía con el
fuego, pero... no se "consumía"
(Ex 3,2).
Efectivamente, el
amor que arde en el Corazón de Jesús
es sobre todo el Espíritu Santo, en
el que Dios-Hijo se une eternamente
al Padre. El Corazón de Jesús, el
Corazón humano del Dios-Hombre, está
abrazado por la "llama
viva" del Amor Trinitario, que
jamás se extingue.
3. Corazón de
Jesús, Horno Ardiente de Caridad.
El horno, mientras arde, ilumina las
tinieblas de la noche y calienta los
cuerpos de los viandantes ateridos.
Hoy queremos rogar a la Madre del
Verbo Eterno, para que en el
horizonte de la vida de cada uno de
nosotros no cese nunca de arder el
Corazón de Jesús, "horno
ardiente de caridad." Para que
El nos revele el Amor que no se
extingue ni se deteriora jamás, el
Amor que es eterno. Para que ilumine
las tinieblas de la noche terrena y
caliente los corazones.
4. Dándole las
gracias por el único amor capaz de
transformar el mundo y la vida
humana, nos dirigimos con la Virgen
Inmaculada, en el momento de la
Anunciación, al Corazón Divino que
no cesa de ser "horno ardiente
de caridad". Ardiente: como la
"zarza" que Moisés vio al
pie del monte Horeb.
Corazón de Jesús, Santuario de
Justicia y Amor.
14
de julio, 1985
1. La oración
del Ángelus nos recuerda cada vez
ese momento salvífico en el que,
bajo el Corazón de la Virgen de
Nazaret, comenzó a latir el Corazón
del Verbo, del Hijo de Dios. En su
seno se hizo hombre, por obra del
Espíritu Santo. En el seno de María
fue concebido el hombre, y fue
concebido el Corazón.
2. Este Corazón
es - como todo corazón humano - un
centro, un santuario en el que
palpita con un ritmo especial la
vida espiritual. Corazón,
resonancia insustituible, de todo lo
que experimenta el espíritu del
hombre. Todo corazón humano está
llamado a palpitar con el ritmo de
la justicia y del amor. Por esto se
mide la verdadera dignidad del
hombre.
3. ¡El Corazón
de Jesús palpita con el ritmo de la
justicia y del amor según la mismo
medida divina! Este es precisamente
el Corazón del Dios-Hombre. En El
se debe cumplir hasta el final toda
justicia de Dios hacia el hombre, y
también, en cierto sentido, la
justicia del hombre hacia Dios. En
el corazón humano del Hijo de Dios
se ofrece a la humanidad la justicia
de Dios mismo. Esta justicia es al
mismo tiempo el don del Amor. Por
medio del Corazón de Jesús, el
amor entra en la historia de la
humanidad como Amor subsistente:
"porque tanto amó Dios al
mundo, que le dio su unigénito Hijo"
(Jn 3,16).
4. Deseamos mirar
con los ojos de la Virgen Inmaculada
la luz de aquel admirable misterio:
¡La justicia que se revela como
Amor! ¡Amor que llena hasta el
borde todo medida de la justicia! ¡Y
la sobrepasa! Oremos , a fin de que
mediante el Corazón de la Madre de
Dios, el Corazón de Jesús, como
"santuario de justicia y amor"
se convierta para nosotros en "camino,
verdad y vida".
Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y
de Amor
21
de julio, 1985
Deseamos, en
nuestra plegaria del Ángelus,
dirigirnos al Corazón de Cristo,
siguiendo las palabras de las letanías.
Deseamos hablar al Corazón del Hijo
mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué
puede haber más bello que el
coloquio de estos dos corazones?
Queremos participar en él.
2. El Corazón de
Jesús es "horno ardiente de
caridad", porque el amor posee
algo de la naturaleza del fuego, que
arde y quema para iluminar y
calentar. Al mismo tiempo, en el
sacrificio del Calvario el corazón
del Redentor no fue aniquilado con
el fuego del sufrimiento. Aunque
humanamente muerto, como constató
el centurión Romano cuando traspaso
el costado de Cristo con la lanza,
en la economía divina de la salvación
este Corazón quedó vivo, como
manifestó la Resurrección.
3. He aquí que
el Corazón vivo del Redentor
resucitado y glorificado, lleno de
bondad y de amor": infinita y
sobreabundantemente lleno. El
rebosar del corazón humano alcanza
en Cristo la medida divina. Así fue
este Corazón ya durante los días
de la vida terrena. Lo testimonia
cuanto está narrado en el Evangelio.
La plenitud del amor se manifiesta a
través de la bondad: a través de
la bondad irradiaba y se difundía
sobre todos, en primer lugar sobre
los que sufren y los pobres. Sobre
todos según sus necesidades y
expectativas más verdaderas. Así
es el Corazón humano del Hijo de
Dios, incluso después de la
experiencia de la cruz y del
sacrificio. Mejor dicho, todavía más:
rebosante de amor y de bondad.
4. En el momento
de la Anunciación comenzó el
coloquio del Corazón de la Madre
con el Corazón del Hijo. Nos unimos
hoy a este coloquio, meditando el
misterio de la Encarnación en la
plegaria del Ángelus.
Corazón de Jesús, Abismo de todas
las Virtudes
28
de julio, 1985
Bajo el Corazón
de la Madre fue concebido el Hombre.
El Hijo de Dios fue concebido como
Hombre. Para venerar el momento de
esta concepción, es decir, el
misterio de la Encarnación, nos
unimos en la plegaria del Ángelus. Bajo la luz del momento de
la concepción, bajo la luz del
misterio de la Encarnación miramos
toda la vida de Jesús, nacido de
María. Siguiendo las invocaciones
de las Letanías, tratamos de
describir en cierto sentido esta
vida desde el interior: a través
del Corazón.
2. El corazón
decide de la profundidad del hombre.
Y, en todo caso, indica la medida de
esa profundidad, tanto en la
experiencia interior de cada uno de
nosotros, como en la comunicación
interhumana. La profundidad de
Jesucristo, indicada con la medida
de su Corazón, es incomparable.
Supera la profundidad de cualquier
otro hombre, porque no es solamente
humana, sino al mismo tiempo divina.
3. Esta
divina-humana profundidad del Corazón
de Jesús es la profundidad de las
virtudes: de todas las virtudes.
Como un verdadero hombre Jesús
expresa el lenguaje interior de su
Corazón mediante las virtudes. En
efecto, analizando su conducta se
pueden descubrir e identificar todas
estas virtudes, como históricamente
emergen del conocimiento de la moral
humana: las virtudes cardinales (prudencia,
justicia, fortaleza y templanza) y
las otras que derivan de ellas. (Estas
virtudes las han poseído en grado
elevado los santos y, si bien
siempre con la gracia divina, los
grandes genios del ethos humano).
4. La invocación
de las Letanías habla de forma muy
bella de un "abismo" de
las virtudes de Jesús. Este abismo,
esta profundidad, significa un grado
especial de la perfección de cada
una de las virtudes y su poder
particular. Esta profundidad y poder
de cada una de las virtudes proviene
del amor. Cuanto más enraizadas están
en el amor todas las virtudes, tanto
mayor es su profundidad.
Hay que añadir
que, además del amor, también la
humildad decide la profundidad de
las virtudes, Jesús dijo: "Aprended
de mí, que soy manso y humilde de
corazón" (Mt 11,29).
5. Al recitar el
Ángelus, recemos a María
para que nos acerque cada vez más
al Corazón de su Hijo; para que nos
ayude a aprender de El, sus propias
virtudes.
Corazón de Jesús, Dignísimo de toda
Alabanza
4
de agosto, 1985
1. Queridos
hermanos y hermanas: Nos encontramos
reunidos para venerar el momento único
en la historia del universo en el
que Dios-Hijo se hace hombre bajo el
Corazón de la Virgen de Nazaret. Es
el momento de la Anunciación que
refleja la oración del Ángelus "Concebirás
en tu seno y darás a luz un hijo, a
quien podrás por nombre Jesús. El
será... llamado Hijo del Altísimo"
(Lc 1,31-32).
María dice:
"Hágase en mí según tu
palabra" (Lc 1,38). Y desde
aquel momento su Corazón se prepara
a acoger al Dios-Hombre: ¡"Corazón
de Jesús dignísimo de toda
alabanza".
2. Nos unimos con
la Madre de Dios para adorar a este
Corazón del Hombre que, mediante el
misterio de la unión hipostática (unión
de las dos naturalezas), es al mismo
tiempo el Corazón de Dios.
Tributamos a Dios la adoración
debida al Corazón de Cristo Jesús,
desde el primer momento de su
concepción en el seno de la Virgen.
Junto con María
le tributamos la misma adoración en
el momento del nacimiento: cuando
vino al mundo en la extrema pobreza
de Belén. Le tributamos la misma
adoración, junto con María,
durante todos los días y los años
de su vida oculta en Nazaret,
durante todos los días y los años
en los que cumple su servicio mesiánico
en Israel.
Y cuando llega el
tiempo de la pasión, del
despojamiento, de la humillación y
del oprobio de la cruz, nos unimos
todavía más ardientemente al Corazón
de la Madre para gritar: ¡"Corazón
de Jesús.. dignísimo de toda
alabanza". Sí, ¡Dignísimo de
toda alabanza precisamente este
oprobio y humillación! En efecto,
es entonces que el Redentor alcanza
el cúlmen del amor de Dios. ¡Y el
Amor es digno de toda alabanza!
Nosotros "no nos gloriaremos a
no ser en la Cruz de nuestro Señor
Jesucristo" (cf. Ga 6,14),
escribirá San Pablo, mientras San
Juan enseña: "Dios es amor"
(1 Jn 4,8).
3. Jesucristo está
en la gloria de Dios Padre. De esta
gloria rodeó el Padre, en el Espíritu
Santo, el Corazón de su Hijo
glorificado. Esta gloria anuncia en
los siglos, la asunción al cielo
del Corazón de su Madre. Y todos
nosotros nos unimos con Ella para
confesar: "Corazón Jesús,
Dignísimo de toda Alabanza, ten
misericordia de nosotros".
Corazón de Jesús, Rey y Centro de
todos los corazones
25 de agosto,1985
1. Jesucristo es rey de los
corazones. Sabemos que durante su
actividad mesiánica en Palestina el
pueblo, al ver los signos que hacia,
quiso proclamarlo rey.
Veía en Cristo un justo heredero de
David, que durante su reino llevó a
Israel al cúlmen del esplendor.
2. Sabemos también que ante el
tribunal de Pilato Jesús de Nazaret
a la pregunta: ¿Tú eres rey ... ?
respondió:"Mi reino no es de
este mundo... Yo para esto he nacido
y para esto he venido al mundo: para
dar testimonio de la verdad. Todo el
que es de la verdad, escucha mi
voz" (Jn 18,33. 36-37).
3. En este mundo Cristo es rey de
los corazones. Nunca quiso ser
soberano temporal, ni siquiera sobre
el trono de David. Sólo deseó ese
reino que no es de este mundo y que,
al mismo tiempo, en este mundo se
arraiga por medio de la verdad en
los corazones humanos: en el hombre
interior.
Por este reino anunció el Evangelio
e hizo grandes signos. Por este
reino, el reino de los hijos y de
las hijas adoptivos de Dios, dio su
vida en la cruz.
4. Y confirmó de nuevo este
reino con su resurrección, dando el
Espíritu Santo a los Apóstoles y a
los hombres en la Iglesia.
De este modo Jesucristo es el rey y
centro de todos los corazones.
Reunidos en El por medio de la
verdad, nos acercamos a la unión
del reino, donde Dios "enjugará
toda lágrima" (Ap 7,17),
porque será "todo en todos"
(1 Co 15,28).
5. Hoy, reunidos para la
acostumbrada plegaria dominical del
Ángelus, elevamos -
juntamente con la Madre de Dios - al
Corazón de su Hijo la invocación:
"Corazón de Jesús, Rey y
Centro de todos los corazones, ten
misericordia de mí". Que el
Corazón Inmaculado de María guíe
nuestra oración, al cual hoy es de
acción de gracias al Señor por el
reciente viaje apostólico África.
CORAZÓN DE JESÚS, EN QUIEN ESTÁN
TODOS LOS TESOROS
DE LA SABIDURÍA Y DE LA CIENCIA
1 de
septiembre, 1985
1.
Esta invocación de las Letanías
del Sagrado Corazón, tomada de la
Carta a los Colosenses (2,3), nos
hace comprender la necesidad de ir
al Corazón de Cristo para entrar en
la plenitud de Dios.
2. La ciencia, de
la que se habla, no es la ciencia
que hincha (1 Co 8,2), fundada en el
poder humano.
Es sabiduría divina, un misterio
escondido durante siglos en la mente
de Dios, Creador del universo (Ef
3,9). Es una ciencia nueva,
escondida a los sabios y a los
entendidos del mundo, pero revelada
a los pequeños (Mt 11,25), ricos en
humildad, sencillez, pureza de corazón.
Esta ciencia y esta sabiduría
consisten en conocer el misterio de
Dios invisible, que llama a los
hombres a ser partícipes de su
divina naturaleza y los admite a la
comunión con El.
3. Nosotros
sabemos estas cosas porque Dios
mismo se ha dignado revelárnoslas
por medio del Hijo, que es sabiduría
de Dios (1 Co 1,24).
Todas las cosas
que hay en la tierra y en los cielos,
han sido creadas por medio de El y
para El (Col 1,16). La sabiduría de
Cristo es más grande que la de
Salomón (Lc 11,31). Sus riquezas
son inescrutables (Ef 3,8). Su amor
sobrepasa todo conocimiento. Pero
con la fe somos capaces de
comprender, juntamente con todos los
santos, su anchura, su largura,
altitud y profundidad (Ef 3, 18).
Al conocer a Jesús, conocemos también
a Dios. El que le ve a El, ve al
Padre (Jn 14,9). Con El apareció el
amor de Dios en nuestros corazones (Rm
5,5).
4. La ciencia
humana es como el agua de nuestros
fuentes: quien la bebe, vuelve a
tener sed. La sabiduría y la
ciencia de Jesús, en cambio, abren
los ojos de la mente, mueven el
corazón en la profundidad del ser y
engendran al hombre en el amor
trascendente; liberan de las
tinieblas del error, de las manchas
del pecado, del peligro de la muerte,
y conducen a la plenitud de la
comunión de esos bienes divinos,
que trascienden la comprensión de
la mente humana (Dei Verbum,6).
5. Con la sabiduría
y la ciencia de Jesús, nos
arraigamos, y fundamentamos en la
caridad (Ef 3,17). Se crea el hombre
nuevo, interior, que pone a Dios en
el centro de su vida y a sí mismo
al servicio de los hermanos.
Es el grado de perfección que
alcanza María, Madre de Jesús y
Madre nuestra: ejemplo único de
criatura nueva, enriquecida con la
plenitud de gracia y dispuesta a
cumplir la voluntad de Dios"
"He aquí la esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra".
Y por esto, nosotros la invocamos
como "Trono de la Sabiduría".
Al rezar el Ángelus, pidámosle que
nos haga como Ella y como su Hijo.
CORAZÓN DE JESÚS, EN QUIEN
HABITA TODA LA PLENITUD DE LA
DIVINIDAD
15 de
septiembre, 1985
1.
Desde el mes de junio, durante los
domingos del verano, nuestra oración
del "Ángelus" saca temas
de reflexión de las letanías del
Sagrado Corazón de Jesús.
Nos detenemos sobre cada una de las
invocaciones y meditamos la gran
riqueza de contenido que en ellas se
encierra. Es una fuente de inspiración
para nuestra vida interior: para
nuestra relación con el misterio de
Jesucristo.
2. Ayer, mediante
la solemnidad de la Exaltación de
la Santa Cruz, la Iglesia entera se
abrió una vez más hacia este Corazón
en el que "habita toda la
plenitud de la divinidad".
El misterio de Cristo: Dios-Hombre,
tiene una elocuencia particular
cuando miramos a la Cruz: ¡He aquí
el hombre! ¡He aquí el Crucificado!
¡He aquí al Hombre totalmente
despojado! ¡He aquí al Hombre
"destrozado a causa de nuestros
pecados"! ¡He aquí al Hombre
"cubierto de oprobios"!
Y, al mismo tiempo: ¡he aquí al
Hombre-Dios! En El habita toda la
plenitud de la divinidad. ¡De la
misma naturaleza que el Padre! Dios
de Dios. Luz de luz.
Engendrado, no creado. El Verbo
Eterno. Uno en la divinidad con el
Padre y con el Espíritu Santo.
3. Cuando el
centurión, en el Gólgota, traspasó
con una lanza el Crucificado, de su
costado salió sangre y agua. Este
es el signo de la muerte. El signo
de la muerte humana del Dios
Inmortal.
Al pie de la Cruz se encuentra la
Madre. La Madre Dolorosa. La
recordamos al día siguiente de la
Exaltación de la Cruz. Cuando el
costado de Cristo fue traspasado por
la lanza del centurión se cumplió
en Ella la profecía de Simeón:
"Y a ti una espada te traspasará
el alma" (Lc 2,25).
Las palabras del profeta son un
anuncio de la definitiva alianza de
los Corazones: del Hijo y de la
Madre; de la Madre y del Hijo.
"Corazón de Jesús, en el que
habita toda la plenitud de la
divinidad - Corazón de María - Corazón
de la Virgen Dolorosa - Corazón de
la Madre de Dios. ¡Que nuestra oración a la hora del
Ángelus se una
hoy a esa admirable alianza de los
Corazones!
4. Proclamemos en
el mes de junio las palabras de las
letanías:
Corazón de Jesús, en quien habita
toda la plenitud de la divinidad...
Corazón de Jesús, de cuya plenitud
todos hemos recibido ...
Nos unimos en esta oración con María,
que conoce mejor que nadie esta
"plenitud" y sabe tomar de
ella más plenamente.
CORAZÓN DE JESÚS EN QUIEN EL PADRE
HALLÓ SUS COMPLACENCIAS
22 de
junio, 1986
1.Rezando así, particularmente ahora,
en el mes de junio, meditamos en
aquella complacencia eterna que el
Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios,
Luz en Luz.
Esa complacencia significa también
Amor: este Amor al que todo lo que
existe le debe su vida: sin El, sin
Amor, y sin el Verbo-Hijo, "no
se hizo nada de cuanto se ha hecho"
(Jn 1,3).
Esta complacencia del Padre encontró
su manifestación en la obra de la
creación en particular en la del
hombre, cuando Dios "vio lo que
había hecho y he aquí que era
bueno... era muy bueno" (Gn
1,31).
¿No es, pues, el Corazón de Jesús
ese "punto" en el que
también el hombre puede volver a
encontrar plena confianza en todo lo
creado? Ve los valores, ve el orden
y la belleza del mundo. Ve el
sentido de la vida.
2. Corazón de
Jesús, en quien el Padre halló sus
complacencias. Nos dirigimos a la
orilla del Jordán.
Nos dirigimos al monte Tabor. En
ambos acontecimientos descritos por
los Evangelistas se oye la voz de
Dios invisible, y es la voz del
Padre:
"Este es mi Hijo amado, en
quien tengo mi complacencia.
Escuchadle" (Mt 17,5).
La eterna complacencia del Padre
acompaña al Hijo, cuando El se hizo
hombre, cuando acogió la misión
mesiánica a desarrollar en el mundo,
cuando decía que su comida era
cumplir la voluntad del Padre.
Al final Cristo cumplió esta
voluntad haciéndose obediente hasta
la muerte de cruz, y entonces esa
eterna complacencia del Padre en el
Hijo, que pertenece al intimo
misterio del Dios-Trino, se hizo
parte de la historia del hombre. En
efecto, el Hijo mismo se hizo hombre
y en cuanto tal tuvo un corazón de
hombre, con el que amó y respondió
al amor. Antes que nada al amor del
Padre.
Y por eso en este corazón, en el
Corazón de Jesús, se concentró la
complacencia del Padre.
Es la complacencia salvífica. En
efecto, el Padre abraza con ella -
en el corazón de su Hijo - a todos
aquellos por los que este Hijo se
hizo hombre. Todos aquellos por los
que tiene el corazón. Todos
aquellos por los que murió y
resucitó.
En el Corazón de Jesús el hombre y
el mundo vuelven a encontrar la
complacencia del Padre. Este es el
corazón de nuestro Redentor. Es el
corazón del Redentor del mundo.
En nuestro rezo del Ángelus
unámonos a María.
Unámonos a Ella, de la que el Hijo
de Dios tomó un corazón humano.
Pidámosle que nos acerque a El.
Pidamos a Ella, en el corazón del
Hijo, acerque al hombre y al mundo
la complacencia del Padre, el Amor
del Padre, la misericordia de Dios.
CORAZÓN DE JESÚS, DE CUYA PLENITUD
TODOS HEMOS RECIBIDO
13 de
julio, 1986
1.Congregados para
rezar el Ángelus, nos unimos a María
en el momento de la Anunciación,
cuando el Verbo se hizo carne y vino
a habitar bajo su Corazón: el Corazón
de la Madre.
Nos unimos, pues, al Corazón de la
Madre, que desde el momento de la
concepción conoce mejor el corazón
humano de su divino Hijo: "De
su plenitud recibimos todos gracia
sobre gracia" así escribe el
Evangelista Juan (Jn 1,16).
2.
¿Qué es lo que determina la
plenitud del Corazón?
¿Cuándo podemos decir que el corazón
está pleno? ¿De qué está lleno
el Corazón de Jesús?
Está lleno de amor.
El amor decide sobre esta plenitud
del corazón del Hijo de Dios, a la
que nos dirigimos hoy en la oración.
Es un Corazón lleno de amor del
Padre: lleno al modo divino y al
mismo tiempo humano. En efecto, el
Corazón de Jesús es verdaderamente
el corazón humano de Dios Hijo. Está
pues, lleno de amor filial todo lo
que El ha hecho y dicho en la tierra
da testimonio precisamente de ese
amor filial.
3. Al mismo
tiempo el amor filial del Corazón
de Jesús ha revelado - y revela
continuamente al mundo el amor del
Padre. El Padre, en efecto, "tanto
amó al mundo, que le dio su unigénito
Hijo" (En 3,16) para la salvación
del mundo; para la salvación del
hombre, para que él "no
perezca, sino que tengo la vida
eterna" (ib.).
El Corazón de Jesús está por
tanto lleno de amor al hombre. Está
lleno de amor a la criatura. Lleno
de amor al mundo.
¡Está totalmente lleno!
Esa plenitud no se agota nunca.
Cuando la humanidad gasta los
recursos materiales de la tierra,
del agua, del aire, estos recursos
disminuyen, y poco a poco se acaban.
Se habla mucho de este tema relativo
a la explotación acelerada de
dichos recursos que se lleva a cabo
en nuestros días. De aquí derivan
advertencias tales como: "No
explotar sobre medida".
Muy distinto sucede con el amor.
Todo lo contrario sucede con la
plenitud del Corazón de Jesús.
No se agota nunca, ni se agotará
jamás.
De esta plenitud todos recibimos
gracia sobre gracia. Sólo es
necesario que se dilate la medida de
nuestro corazón, nuestra
disponibilidad para sacar de esa
sobreabundancia de amor.
Precisamente para esto nos unimos al
Corazón de María.
18
- CORAZÓN DE
JESÚS, DESEO DE LOS ETERNOS COLLADOS
20 de
julio, 1986
1.A lo largo de estos domingos, cuando
nos congregarnos para la plegaria
del mediodía, rezamos las letanías
del Sagrado Corazón en unión
particular con la Madre de Jesús.
El Ángelus dominical es, en efecto,
nuestra cita de oración con María.
Junto con Ella recordamos la
Anunciación, que fue ciertamente un
acontecimiento decisivo en su vida.
Y he aquí que, en el centro de este
acontecimiento, descubrimos el Corazón.
Se trata del amor del Hijo de Dios,
que desde el momento de la Encarnación
comienza a desarrollarse bajo el
Corazón de la Madre junto con el
Corazón humano de su Hijo.
2. ¿Es este Corazón "deseo"
del mundo?
Mirando el mundo tal como
visiblemente nos rodea, debemos
constatar con San Juan que está
sometido a la concupiscencia de la
carne, a la concupiscencia de los
ojos y a la soberbia de la vida (Jn
2,16).
Y este "mundo" parece
estar lejos del deseo del Corazón
de Jesús. No comparte sus deseos.
Permanece extraño y, a veces,
incluso hostil respecto a EL.
Este es el "mundo" del que
el Concilio dice que está "esclavizado
bajo la servidumbre del pecado (Gaudium
et Spes) . Y lo dice de acuerdo con toda
la Revelación, con la Sagrada
Escritura y con la Tradición (e
incluso, digamos también, con
nuestra experiencia humana).
3. Sin embargo,
contemporáneamente, el mismo "mundo"
ha sido llamado a la existencia por
amor del Creador, y este amor le
mantiene constantemente en la
existencia.
Se trata del mundo como el conjunto
de las criaturas visibles e
invisibles, y en particular "la
entera familia humana con el
conjunto universal de las realidades
entre las que ésta
vive"(Gaudium et Spes, 2).
Es el mundo que, precisamente a
causa de la "servidumbre del
pecado" ha sido sometido a la
caducidad - como enseña San Pablo
-y, por ello, gime y siente dolores
de porto, esperando con impaciencia
la manifestación de los hijos de
Dios, porque sólo por este camino
se puede liberar realmente de la
esclavitud- de la corrupción, para
participar de la libertad y de la
gloria de los hijos de Dios (Rm.
8,19-22).
4.Este mundo - a
pesar del pecado y la triple
concupiscencia - está -orientado al
amor, que llena el Corazón humano
del Hijo de María.
Y por ello, uniéndonos a Ella,
pedimos: Corazón de Jesús, deseo
de los eternos collados, lleva a los
corazones humanos, acerca a nuestro
tiempo esa liberación que está en
el Evangelio, en tu cruz y
resurrección: ¡Que está en tu
Corazón!
CORAZÓN DE JESÚS, PACIENTE Y
DE MUCHA MISERICORDIA
27 de
julio, 1986
1-Hoy, con ocasión de la oración del
Ángelus, deseamos releer una vez más,
junto con María, el Evangelio; en
cierto sentido lo releemos todo
entero, e inmediatamente. En él
subyace el Corazón de Jesús, paciente
e inmensamente misericordioso.
¿No es tal vez así el Corazón de
Aquel que "pasé haciendo bien"
a todos (Hch 10,38)? ¿De Aquel que
hizo que los ciegos adquiriesen la
vista, los cojos caminasen, los
muertos resucitasen? ¿Que a los
pobres se les anunciara la Buena
Nueva (Lc 7,22)?
¿No es tal vez así el Corazón de
Jesús, que no tenia El mismo dónde
reclinar la cabeza mientras que los
lobos tienen sus guaridas y los pájaros
sus nidos (Mt 8,20)?
¿No es tal vez así el Corazón de
Jesús, que defendió a la mujer adúltera
de la lapidación y luego le dijo:
"Vete, y de ahora en adelante
no peques más (Jn 8,3-10).?
¿No es tal vez así el Corazón de
Aquel que fue llamado "amigo de
publicanos y pecadores" (Mt
11,19)?
2-
¡Miremos, junto con María,
el interior de este Corazón! ¡Releámoslo
a lo largo del Evangelio!
Más aún, sobre todo releamos este
corazón en el momento de la
crucifixión. Cuando ha sido
traspasado por la lanza. Cuando se
ha desvelado hasta el fondo el
misterio en El escrito.
El Corazón paciente porque está
abierto a todos los Sufrimientos del
hombre. ¡El Corazón paciente,
porque está dispuesto El mismo a
aceptar un sufrimiento
inconmensurable con metro humano!
¡El Corazón paciente, porque es
inmensamente misericordioso!
En efecto, ¿qué es la misericordia,
sino esa medida particular del
amor, que se expresa en el
sufrimiento?
¿Qué es, en efecto, la
misericordia sino esa medida
definitiva del amor, que desciende
al centro mismo del mal para
vencerlo con el bien?
¿Qué es sino el amor que vence el
pecado del mundo mediante el
sufrimiento y la muerte?
3.
¡Corazón de Jesús, paciente
y de mucha misericordia!
¡Madre, que has mirado en este
Corazón, cuando estabas presente al
pie de la cruz!
Madre que, por voluntad de este
Corazón, te has hecho Madre de
todos nosotros.
¿Quién conoce como Tú el misterio
del Corazón de Jesús en Belén, en
Nazaret, en el Calvario?
¿Quién como Tú sabe que es
paciente e inmensamente
misericordioso?
¿Quién como Tú da testimonio
incesantemente de ello?
CORAZÓN DE JESÚS, GENEROSO PARA
TODOS LOS QUE TE INVOCAN
3 de
agosto, 1986
1.
Nos recogemos hoy durante la oración
del Ángelus pa