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COMPOSICIÓN
DEL SANTO ROSARIO
El
Rosario está compuesto por veinte "misterios"
(acontecimientos, momentos significativos) de la vida de Jesús
y de María, divididos desde la publicación de la Carta
apostólica Rosarium Virginis Mariae, en cuatro "rosarios".
El
primer "rosario" comprende los misterios gozosos (lunes y
sábado), el segundo los luminosos (jueves), el tercero los
dolorosos (martes y viernes) y el cuarto los gloriosos
(miércoles y domingo).
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LA
DISTRIBUCIÓN DEL TIEMPO
El
Rosario puede recitarse entero cada día, y hay
quienes así lo hacen de manera laudable. De ese
modo, el Rosario impregna de oración los días de
muchos contemplativos, o sirve de compañía a
enfermos y ancianos que tienen mucho tiempo
disponible. Pero es obvio –y eso vale, con mayor
razón, si se añade el nuevo ciclo de los mysteria
lucis– que muchos no podrán recitar más que una
parte, según un determinado orden semanal. Esta
distribución semanal da a los días de la semana un
cierto 'color' espiritual, análogamente a lo que
hace la Liturgia con las diversas fases del año litúrgico.
Según la praxis corriente, el lunes y el jueves están
dedicados a los «misterios gozosos», el martes y
el viernes a los «dolorosos», el miércoles, el sábado
y el domingo a los «gloriosos». ¿Dónde
introducir los «misterios de la luz»? Considerando
que los misterios gloriosos se proponen seguidos el
sábado y el domingo, y que el sábado es
tradicionalmente un día de marcado carácter
mariano, parece aconsejable trasladar al sábado la
segunda meditación semanal de los misterios gozosos,
en los cuales la presencia de María es más
destacada. Queda así libre el jueves para la
meditación de los misterios de la luz.
No obstante, esta indicación no pretende limitar
una conveniente libertad en la meditación personal
y comunitaria, según las exigencias espirituales y
pastorales y, sobre todo, las coincidencias litúrgicas
que pueden sugerir oportunas adaptaciones. Lo
verdaderamente importante es que el Rosario se
comprenda y se experimente cada vez más como un
itinerario contemplativo. Por medio de él, de
manera complementaria a cuanto se realiza en la
Liturgia, la semana del cristiano, centrada en el
domingo, día de la resurrección, se convierte en
un camino a través de los misterios de la vida de
Cristo, y Él se consolida en la vida de sus discípulos
como Señor del tiempo y de la historia. (Rosarium
Virginis Mariae, 38)
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EL
ENUNCIADO DE UN MISTERIO
"Enunciar
el misterio, y tener tal vez la oportunidad de
contemplar al mismo tiempo una imagen que lo represente, es
como abrir un escenario en el cual concentrar la atención.
Las palabras conducen la imaginación y el espíritu a aquel
determinado episodio o momento de la vida de Cristo. En la
espiritualidad que se ha desarrollado en la Iglesia, tanto a
través de la veneración de imágenes que enriquecen muchas
devociones con elementos sensibles, como también del método
propuesto por san Ignacio de Loyola en los Ejercicios
Espirituales, se ha recurrido al elemento visual e
imaginativo (la compositio loci) considerándolo de gran
ayuda para favorecer la concentración del espíritu en el
misterio. Por lo demás, es una metodología que se
corresponde con la lógica misma de la Encarnación: Dios ha
querido asumir, en Jesús, rasgos humanos. Por medio de su
realidad corpórea, entramos en contacto con su misterio
divino.
El
enunciado de los varios misterios del Rosario se corresponde
también con esta exigencia de concreción. Es cierto que no
sustituyen al Evangelio ni tampoco se refieren a todas sus páginas.
El Rosario, por tanto, no reemplaza la lectio divina, sino que,
por el contrario, la supone y la promueve. Pero si los
misterios considerados en el Rosario, aun con el complemento
de los mysteria lucis, se limita a las líneas fundamentales
de la vida de Cristo, a partir de ellos la atención se puede
extender fácilmente al resto del Evangelio, sobre todo cuando
el Rosario se recita en momentos especiales de prolongado
recogimiento." (Rosarium Virginis Mariae, 29)
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