|
Indice
| Biografía | Cronología
| El milagro
|
Homilía
Misa Canonización
|
|
|
Amigos de
Dios, "Hacia la santidad", 294 Nos quedamos removidos, con una fuerte sacudida en el corazón, al
escuchar atentamente aquel grito de San Pablo: ésta es la voluntad
de Dios, vuestra santificación. Hoy, una vez más me lo propongo
a mí, y os recuerdo también a vosotros y a la humanidad entera: ésta
es la Voluntad de Dios, que seamos santos.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 295
Me invocaréis y Yo os atenderé. Y le invocamos
conversando, dirigiéndonos a El. Por eso, hemos de poner en
práctica la exhortación del Apóstol: sine intermissione
orate; rezad siempre, pase lo que pase. No sólo de
corazón, sino con todo el corazón.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 296
Empezamos con oraciones vocales, que muchos hemos
repetido de niños: son frases ardientes y sencillas,
enderezadas a Dios y a su Madre, que es Madre nuestra. Todavía,
por las mañanas y por las tardes, no un día, habitualmente,
renuevo aquel ofrecimiento que me enseñaron mis padres: ¡oh
Señora mía, oh Madre mía!, yo me ofrezco enteramente a
Vos. Y, en prueba de mi filial afecto, os consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón... ¿No es
esto de alguna manera un principio de contemplación,
demostración evidente de confiado abandono? ¿Qué se
cuentan los que se quieren, cuando se encuentran? ¿Cómo se
comportan? Sacrifican cuanto son y cuanto poseen por la
persona que aman.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 297
Os libraré de la cautividad, estéis donde estéis.
Nos libramos de la esclavitud, con la oración: nos sabemos
libres, volando en un epitalamio de alma encariñada, en un
cántico de amor, que empuja a desear no apartarse de Dios.
Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino,
sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores
castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por
nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo
quien vive en mí!.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 297
Os libraré de la cautividad, estéis donde estéis.
Nos libramos de la esclavitud, con la oración: nos sabemos
libres, volando en un epitalamio de alma encariñada, en un
cántico de amor, que empuja a desear no apartarse de Dios.
Un nuevo modo de pisar en la tierra, un modo divino,
sobrenatural, maravilloso. Recordando a tantos escritores
castellanos del quinientos, quizá nos gustará paladear por
nuestra cuenta: ¡que vivo porque no vivo: que es Cristo
quien vive en mí!.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 298
Es posible que, ya desde el principio, se levanten nubarrones de polvo y que, a la vez, empleen los enemigos de nuestra santificación una tan vehemente y bien orquestada técnica de terrorismo psicológico de abuso de poder, que arrastren en su absurda dirección incluso a quienes, durante mucho tiempo, mantenían otra conducta más lógica y recta. Y aunque su voz suene a campana rota, que no está fundida con buen metal y es bien diferente del silbido del pastor, rebajan la palabra, que es uno de los dones más preciosos que el hombre ha recibido de Dios, regalo bellísimo para manifestar altos pensamientos de amor y de amistad con el Señor y con sus criaturas, hasta hacer que se entienda por qué Santiago dice de la lengua que es un mundo entero de malicia. Tantos daños puede producir: mentiras, denigraciones, deshonras, supercherías, insultos, susurraciones tortuosas.
Amigos
de Dios, "Hacia la santidad",
299 ¿Cómo podremos superar esos inconvenientes? ¿Cómo
lograremos fortalecernos en aquella decisión, que
comienza a parecernos muy pesada? Inspirándonos en
el modelo que nos muestra la Virgen Santísima,
nuestra Madre: una ruta muy amplia, que
necesariamente pasa a través de Jesús.
Amigos
de Dios, "Hacia la
santidad", 300 En este esfuerzo por identificarse con
Cristo, he distinguido como cuatro escalones:
buscarle,
Amigos
de Dios, "Hacia la
santidad", 301 Pero no olvidéis que estar con Jesús
es, seguramente, toparse con su Cruz.
Cuando nos abandonamos en las manos de
Dios, es frecuente que El permita que
saboreemos el dolor, la soledad, las
contradicciones, las calumnias, las
difamaciones, las burlas, por dentro y por
fuera: porque quiere conformarnos a su
imagen y semejanza, y tolera también que
nos llamen locos y que nos tomen por
necios. Amigos
de Dios, "Hacia la
santidad", 302 Al admirar y al amar de veras la
Humanidad Santísima de Jesús,
descubriremos una a una sus Llagas. Y en
esos tiempos de purgación pasiva, penosos,
fuertes, de lágrimas dulces y amargas que
procuramos esconder, necesitaremos meternos
dentro de cada una de aquellas Santísimas
Heridas: para purificarnos, para gozarnos
con esa Sangre redentora, para fortalecernos.
Acudiremos como las palomas que, al decir de
la Escritura, se cobijan en los agujeros de
las rocas a la hora de la tempestad. Nos
ocultamos en ese refugio, para hallar la
intimidad de Cristo: y veremos que su modo
de conversar es apacible y su rostro hermoso,
porque los que conocen que su voz es
suave y grata, son los que recibieron la
gracia del Evangelio, que les hace decir: Tú
tienes palabras de vida eterna.
Amigos
de Dios, "Hacia la
santidad", 303 No pensemos que, en esta senda de la
contemplación, las pasiones se habrán
acallado definitivamente. Nos engañaríamos,
si supusiéramos que el ansia de buscar a
Cristo, la realidad de su encuentro y de
su trato, y la dulzura de su amor nos
transforman en personas impecables. Aunque
no os falte experiencia, dejadme, sin
embargo, que os lo recuerde. El enemigo de
Dios y del hombre, Satanás, no se da por
vencido, no descansa. Y nos asedia,
incluso cuando el alma arde encendida en
el amor a Dios. Sabe que entonces la caída
es más difícil, pero que si consigue que
la criatura ofenda a su Señor, aunque sea
en poco podrá lanzar sobre aquella
conciencia la grave tentación de la
desesperanza.
Amigos
de Dios, "Hacia la
santidad", 304 Afán de adoración, ansias de
desagravio con sosegada suavidad y con
sufrimiento. Se hará vida en vuestra vida
la afirmación de Jesús: el que no
toma su cruz, y me sigue, no es digno de mí.
Y el Señor se nos manifiesta cada vez más
exigente, nos pide reparación y
penitencia, hasta empujarnos a
experimentar el ferviente anhelo de querer
vivir para Dios, clavado en la cruz
juntamente con Cristo. Pero este
tesoro lo guardamos en vasos de barro
frágil y quebradizo, para que se
reconozca que la grandeza del poder que se
advierte en nosotros es de Dios y no
nuestra.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 305
Es la hora de clamar: acuérdate de las promesas que me has
hecho, para llenarme de esperanza; esto me consuela en mi
nada, y llena mi vivir de fortaleza. Nuestro Señor quiere que
contemos con El, para todo: vemos con evidencia que sin El
nada podemos, y que con El podemos todas las cosas. Se
confirma nuestra decisión de andar siempre en su presencia.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 306
Habíamos empezado con plegarias vocales, sencillas,
encantadoras, que aprendimos en nuestra niñez, y que no nos
gustaría abandonar nunca. La oración, que comenzó con esa
ingenuidad pueril, se desarrolla ahora en cauce ancho, manso
y seguro, porque sigue el paso de la amistad con Aquel que
afirmó: Yo soy el camino. Si amamos a Cristo así,
si con divino atrevimiento nos refugiamos en la abertura que
la lanza dejó en su Costado, se cumplirá la promesa del
Maestro: cualquiera que me ama, observará mi doctrina, y
mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos mansión
dentro de él.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 307
Hemos corrido como el ciervo, que ansía las fuentes
de las aguas; con sed, rota la boca, con sequedad.
Queremos beber en ese manantial de agua viva. Sin rarezas, a
lo largo del día nos movemos en ese abundante y claro
venero de frescas linfas que saltan hasta la vida eterna.
Sobran las palabras, porque la lengua no logra expresarse;
ya el entendimiento se aquieta. No se discurre, ¡se mira! Y
el alma rompe otra vez a cantar con cantar nuevo, porque se
siente y se sabe también mirada amorosamente por Dios, a
todas horas.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 308
¿Ascética? ¿Mística? no me preocupa. Sea lo que fuere,
ascética o mística, ¿qué importa?: es merced de Dios. Si
tú procuras meditar, el Señor no te negará su asistencia.
Fe y hechos de fe: hechos, porque el Señor lo has
comprobado desde el principio, y te lo subrayé a su tiempo
es cada día más exigente. Eso es ya contemplación y es
unión; ésta ha de ser la vida de muchos cristianos, cada
uno yendo adelante por su propia vía espiritual son
infinitas, en medio de los afanes del mundo, aunque ni
siquiera hayan caído en la cuenta.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 309
Así actúa Nuestro Dios. Cuando aquel hijo regresa,
después de haber gastado su dinero viviendo mal, después
sobre todo de haberse olvidado de su padre, el padre dice: presto,
traed aquí el vestido más precioso, y ponédselo,
colocadle un anillo en el dedo; calzadle las sandalias y
tomad un ternero cebado, matadlo y comamos y celebremos un
banquete. Nuestro Padre Dios, cuando acudimos a El con
arrepentimiento, saca, de nuestra miseria, riqueza; de
nuestra debilidad, fortaleza. ¿Qué nos preparará, si no
lo abandonamos, si lo frecuentamos cada día, si le
dirigimos palabras de cariño confirmado con nuestras
acciones, si le pedimos todo, confiados en su omnipotencia y
en su misericordia? Sólo por volver a El su hijo, después
de traicionarle, prepara una fiesta: ¿qué nos otorgará,
si siempre hemos procurado quedarnos a su lado?
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 310
Me alzaré y rodearé la ciudad: por las
calles y las plazas buscaré al que amo... Y no
sólo la ciudad: correré de una parte a otra del
mundo por todas las naciones, por todos los pueblos,
por senderos y trochas para alcanzar la paz de mi
alma. Y la descubro en las ocupaciones diarias, que
no me son estorbo; que son al contrario vereda y
motivo para amar más y más, y más y más unirme a
Dios. Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 311
Con esta entrega, el celo apostólico se enciende,
aumenta cada día pegando esta ansia a los otros,
porque el bien es difusivo. No es posible que
nuestra pobre naturaleza, tan cerca de Dios, no arda
en hambres de sembrar en el mundo entero la alegría
y la paz, de regar todo con las aguas redentoras que
brotan del Costado abierto de Cristo, de empezar y
acabar todas las tareas por Amor.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 312
Me interesa confirmar de nuevo que no me
refiero a un modo extraordinario de vivir
cristianamente. Que cada uno de nosotros medite en
lo que Dios ha realizado por él, y en cómo ha
correspondido. Si somos valientes en este examen
personal, percibiremos lo que todavía nos falta.
Ayer me conmovía, oyendo de un catecúmeno japonés
que enseñaba el catecismo a otros, que aún no
conocían a Cristo. Y me avergonzaba. Necesitamos
más fe, ¡más fe!: y, con la fe, la contemplación.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 313
Me gusta hablar de camino, porque somos
viadores, nos dirigimos a la casa del Cielo, a
nuestra Patria. Pero mirad que un camino, aunque
puede presentar trechos de especiales dificultades,
aunque nos haga vadear alguna vez un río o cruzar
un pequeño bosque casi impenetrable,
habitualmente es algo corriente, sin sorpresas. El
peligro es la rutina: imaginar que en esto, en lo
de cada instante, no está Dios, porque ¡es tan
sencillo, tan ordinario!
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 314
Se termina el trayecto al encontrar la aldea, y aquellos
dos que sin darse cuenta han sido heridos en lo hondo del
corazón por la palabra y el amor del Dios hecho Hombre,
sienten que se vaya. Porque Jesús les saluda con ademán
de continuar adelante. No se impone nunca, este Señor
Nuestro. Quiere que le llamemos libremente, desde que hemos
entrevisto la pureza del Amor, que nos ha metido en el alma.
Hemos de detenerlo por fuerza y rogarle: continúa
con nosotros, porque es tarde, y va ya el día de caída,
se hace de noche. Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 315
Pido al Señor que, durante nuestra permanencia en este
suelo de aquí, no nos apartemos nunca del caminante divino.
Para esto, aumentemos también nuestra amistad con los Santos
Angeles Custodios. Todos necesitamos mucha compañía: compañía
del Cielo y de la tierra. ¡Sed devotos de los Santos Angeles!
Es muy humana la amistad, pero también es muy divina; como la
vida nuestra, que es divina y humana. ¿Os acordáis de lo que
dice el Señor?: ya no os llamo siervos, sino amigos.
Nos enseña a tener confianza con los amigos de Dios, que
moran ya en el Cielo, y con las criaturas que con nosotros
conviven, también con las que parecen apartadas del Señor,
para atraerlas al buen sendero.
Amigos de Dios, "Hacia la santidad", 316
Que la Madre de Dios y Madre nuestra nos proteja,
con el fin de que cada uno de nosotros pueda servir a
la iglesia en la plenitud de la fe, con los dones del
Espíritu Santo y con la vida contemplativa. Cada uno
realizando los deberes personales, que le son propios;
cada uno en su oficio y profesión, y en el
cumplimiento de las obligaciones de su estado, honre
gozosamente al Señor.
Homilía extraída del sitio http://www.escrivaworks.org |