|
Indice
| Biografía | Cronología
| El milagro
|
Homilía
Misa Canonización
|
|
|
Siempre que sentimos en nuestro corazón deseos de mejorar, de
responder más generosamente al Señor, y buscamos una guía, un norte
claro para nuestra existencia cristiana, el Espíritu Santo trae a
nuestra memoria las palabras del Evangelio: conviene orar
perseverantemente y no desfallecer. La oración es el fundamento
de toda labor sobrenatural; con la oración somos omnipotentes y, si
prescindiésemos de este recurso, no lograríamos nada. Amigos
de Dios, "Vida de oración", 239 Volvamos nuestros ojos a Jesucristo, que es nuestro modelo,
el espejo en el que debemos mirarnos. ¿Cómo se comporta,
exteriormente también, en las grandes ocasiones? ¿Qué nos
dice de El el Santo Evangelio? Me conmueve esa disposición
habitual de Cristo, que acude al Padre antes de los grandes
milagros; y su ejemplo, retirándose cuarenta días con
cuarenta noches al desierto, antes de iniciar su vida pública,
para rezar. Amigos
de Dios, "Vida de oración",
240 Son tantas las escenas en las que Jesucristo habla
con su Padre, que resulta imposible detenernos en
todas. Pero pienso que no podemos dejar de considerar
las horas, tan intensas, que preceden a su Pasión y
Muerte, cuando se prepara para consumar el Sacrificio
que nos devolverá al Amor divino. En la intimidad del
Cenáculo su Corazón se desborda: se dirige
suplicante al Padre, anuncia la venida del Espíritu
Santo, anima a los suyos a un continuo fervor de
caridad y de fe. Amigos de Dios, "Vida de oración", 241
Amigos
de Dios, "Vida
de oración", 242 En los Hechos de los Apóstoles se
narra una escena que a mí me encanta,
porque recoge un
Amigos
de Dios, "Vida de
oración", 243 ¿Cómo hacer oración? Me atrevo a
asegurar, sin temor a equivocarme, que hay
muchas, infinitas maneras de orar, podría
decir. Pero yo quisiera para todos nosotros la
auténtica oración de los hijos de Dios, no
la palabrería de los hipócritas, que han de
escuchar de Jesús: no todo el que repite:
¡Señor!, ¡Señor!, entrará en el reino de
los cielos. Los que se mueven por la
hipocresía, pueden quizá lograr el ruido
de la oración escribía San Agustín, pero
no su voz, porque allí falta la vida, y
está ausente el afán de cumplir la Voluntad
del Padre. Que nuestro clamar ¡Señor! vaya
unido al deseo eficaz de convertir en realidad
esas mociones interiores, que el Espíritu
Santo despierta en nuestra alma.
Amigos
de Dios, "Vida de
oración", 244 No me he cansado nunca y, con la gracia
de Dios, nunca me cansaré de hablar de
oración. Hacia 1930, cuando se acercaban a
mí, sacerdote joven, personas de todas las
condiciones universitarios, obreros, sanos y
enfermos, ricos y pobres, sacerdotes y
seglares, que intentaban acompañar más de
cerca al Señor, les aconsejaba siempre:
rezad. Y si alguno me contestaba: no sé ni
siquiera cómo empezar, le recomendaba que
se pusiera en la presencia del Señor y le
manifestase su inquietud, su ahogo, con esa
misma queja: Señor, ¡que no sé! Y, tantas
veces, en aquellas humildes confidencias se
concretaba la intimidad con Cristo, un trato
asiduo con El.
Amigos
de Dios, "Vida
de oración", 245 Ya hemos entrado por caminos de
oración. ¿Cómo seguir? ¿No habéis
visto cómo tantos ellas y ellos
parece que hablan consigo mismos,
escuchándose complacidos? Es una
verborrea casi continua, un monólogo
que insiste incansablemente en los
problemas que les preocupan, sin
poner los medios para resolverlos,
movidos quizá únicamente por la
morbosa ilusión de que les
compadezcan o de que les admiren. Se
diría que no pretenden más.
Amigos
de Dios,
"Vida de
oración", 246 Venced, si acaso la
advertís, la poltronería,
el falso criterio de que la
oración puede esperar. No
retrasemos jamás esta
fuente de gracias para mañana.
Ahora es el tiempo oportuno.
Dios, que es amoroso
espectador de nuestro día
entero, preside nuestra íntima
plegaria: y tú y yo vuelvo
a asegurar hemos de
confiarnos con El como se
confía en un hermano, en un
amigo, en un padre. Dile yo
se lo digo que El es toda la
Grandeza, toda la Bondad,
toda la Misericordia. Y añade:
por eso quiero enamorarme de
Ti, a pesar de la tosquedad
de mis maneras, de estas
pobres manos mías, ajadas y
maltratadas por el polvo de
los vericuetos de la tierra.
Amigos
de Dios,
"Vida
de oración",
247 Para algunos,
todo esto quizá
resulta familiar;
para otros, nuevo;
para todos, arduo.
Pero yo, mientras me
quede aliento, no
cesaré de predicar
la necesidad
primordial de ser
alma de oración ¡siempre!,
en cualquier ocasión
y en las
circunstancias más
dispares, porque
Dios no nos abandona
nunca. No es
cristiano pensar en
la amistad divina
exclusivamente como
en un recurso
extremo. ¿Nos puede
parecer normal
ignorar o despreciar
a las personas que
amamos?
Evidentemente, no. A
los que amamos van
constantemente las
palabras, los deseos,
los pensamientos:
hay como una
continua presencia.
Pues así con Dios.
Amigos
de Dios,
"Vida
de oración",
248 En este
entramado, en este
actuar de la fe
cristiana se
engarzan, como
joyas, las
oraciones vocales.
Son fórmulas
divinas: Padre
Nuestro..., Dios
te salve, María...,
Gloria al Padre, y
al Hijo y al Espíritu
Santo. Esa
corona de
alabanzas a Dios y
a Nuestra Madre
que es el Santo
Rosario, y tantas,
tantas otras
aclamaciones
llenas de piedad
que nuestros
hermanos
cristianos han
recitado desde el
principio.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
249 Que no
falten en
nuestra
jornada
unos
momentos
dedicados
especialmente
a
frecuentar
a Dios,
elevando
hacia El
nuestro
pensamiento,
sin que
las
palabras
tengan
necesidad
de
asomarse a
los labios,
porque
cantan en
el corazón.
Dediquemos
a esta
norma de
piedad un
tiempo
suficiente;
a hora
fija, si
es posible.
Al lado
del
Sagrario,
acompañando
al que se
quedó por
Amor. Y si
no hubiese
más
remedio,
en
cualquier
parte,
porque
nuestro
Dios está
de modo
inefable
en nuestra
alma en
gracia. Te
aconsejo,
sin
embargo,
que vayas
al
oratorio
siempre
que puedas:
y pongo
empeño en
no
llamarlo
capilla,
para que
resalte de
modo más
claro que
no es un
sitio para
estar, con
empaque de
oficial
ceremonia,
sino para
levantar
la mente
en
recogimiento
e
intimidad
al cielo,
con el
convencimiento
de que
Jesucristo
nos ve,
nos oye,
nos espera
y nos
preside
desde el
Tabernáculo,
donde está
realmente
presente
escondido
en las
especies
sacramentales.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
250 Mirad
que
el
Señor
suspira
por
conducirnos
a
pasos
maravillosos,
divinos
y
humanos,
que
se
traducen
en
una
abnegación
feliz,
de
alegría
con
dolor,
de
olvido
de
sí
mismo.
Si
alguno
quiere
venir
en
pos
de
mí,
niéguese
a
sí
mismo.
Un
consejo
que
hemos
escuchado
todos.
Hemos
de
decidirnos
a
seguirlo
de
verdad:
que
el
Señor
pueda
servirse
de
nosotros
para
que,
metidos
en
todas
las
encrucijadas
del
mundo
estando
nosotros
metidos
en
Dios,
seamos
sal,
levadura,
luz.
Tú,
en
Dios,
para
iluminar,
para
dar
sabor,
para
acrecentar,
para
fermentar.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
251 Cuando,
en
estos
treinta
años
de
sacerdocio,
he
insistido
tenazmente
en
la
necesidad
de
la
oración,
en
la
posibilidad
de
convertir
la
existencia
en
un
clamor
incesante,
algunas
personas
me
han
preguntado:
pero,
¿es
posible
conducirse
siempre
así?
Lo
es.
Esa
unión
con
Nuestro
Señor
no
nos
aparta
del
mundo,
no
nos
transforma
en
seres
extraños,
ajenos
al
discurrir
de
los
tiempos.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
252 Además,
querría
que
os
fijarais
en
que
nadie
escapa
al
mimetismo.
Los
hombres,
hasta
inconscientemente,
se
mueven
en
un
continuo
afán
de
imitarse
unos
a
otros.
Y
nosotros,
¿abandonaremos
la
invitación
de
imitar
a
Jesús?
Cada
individuo
se
esfuerza,
poco
a
poco,
por
identificarse
con
lo
que
le
atrae,
con
el
modelo
que
ha
escogido
para
su
propio
talante.
Según
el
ideal
que
cada
uno
se
forja,
así
resulta
su
modo
de
proceder.
Nuestro
Maestro
es
Cristo:
el
Hijo
de
Dios,
la
Segunda
Persona
de
la
Trinidad
Beatísima.
Imitando
a
Cristo,
alcanzamos
la
maravillosa
posibilidad
de
participar
en
esa
corriente
de
amor,
que
es
el
misterio
del
Dios
Uno
y
Trino.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
253 ¿Piensas
que
tus
pecados
son
muchos,
que
el
Señor
no
podrá
oírte?
No
es
así,
porque
tiene
entrañas
de
misericordia.
Si,
a
pesar
de
esta
maravillosa
verdad,
percibes
tu
miseria,
muéstrate
como
el
publicano:
¡Señor,
aquí
estoy,
tú
verás!
Y
observad
lo
que
nos
cuenta
San
Mateo,
cuando
a
Jesús
le
ponen
delante
a
un
paralítico.
Aquel
enfermo
no
comenta
nada:
sólo
está
allí,
en
la
presencia
de
Dios.
Y
Cristo,
removido
por
esa
contrición,
por
ese
dolor
del
que
sabe
que
nada
merece,
no
tarda
en
reaccionar
con
su
misericordia
habitual:
ten
confianza,
que
perdonados
te
son
tus
pecados.
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
254 Para
dar
cauce a
la oración,
acostumbro
quizá
pueda
ayudar
también
a alguno
de
vosotros
a
materializar
hasta lo
más
espiritual.
Nuestro
Señor
utilizaba
ese
procedimiento.
Le
gustaba
enseñar
con parábolas,
sacadas
del
ambiente
que le
rodeaba:
del
pastor y
de las
ovejas,
de la
vid y de
los
sarmientos,
de
barcas y
de redes,
de la
semilla
que el
sembrador
arroja a
voleo...
Amigos
de
Dios,
"Vida
de
oración",
255 Hay
mil
maneras
de
orar,
os
digo
de
nuevo.
Los
hijos
de
Dios
no
necesitan
un
método,
cuadriculado
y
artificial,
para
dirigirse
a
su
Padre.
El
amor
es
inventivo,
industrioso;
si
amamos,
sabremos
descubrir
caminos
personales,
íntimos,
que
nos
lleven
a
este
diálogo
continuo
con
el
Señor. Homilía extraída del sitio http://www.escrivaworks.org Indice
|
Biografía
|
Cronología
| El
milagro
|
Homilía
Misa Canonización
|
|