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Oh
Virgen fiel, que fuiste siempre solícita y dispuesta a recibir,
conservar y meditar la Palabra de Dios!:
Haz
que también nosotros, en medio de las dramáticas vicisitudes de la
historia, sepamos mantener siempre intacta nuestra fe cristiana.





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FELIZ
NAVIDAD!
Que en esta Navidad
todos y cada uno de quienes nos hemos integrado a "El Camino de María"
aprendamos a dejarnos iluminar dócilmente por la luz de la
fe. Permitamos que Cristo entre en nuestro corazón para que sea
Él quien guíe nuestra vida, porque sólo así estaremos en el
camino verdadero que conduce al encuentro con el Señor en Belén.
Pidamos a María,
Peregrina en la Fe y Estrella del Tercer Milenio, que nos ayude a
vivir en esta Navidad de forma tal que podamos decir a su Hijo:
"Señor, en
esta Navidad te reconocí, te encontré, te vi, pude hacer la
experiencia de tu Encarnación por amor a mí y a cada uno de mis
hermanos."
Marisa y
Eduardo

Por
aquellos días el emperador Augusto promulgó un
decreto ordenando que hiciera el censo de los
habitantes del imperio. Este censo fue el primero
que se hizo durante el mandato de Quirino,
gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su
ciudad de origen.
También José, por ser de la descendencia y
familia de David, subió desde Galilea, desde la
ciudad de Nazareth, a Judea, a la ciudad de David
que se llama Belén, para inscribirse con María, su
esposa, que estaba encinta. Mientras estaban en
Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio
a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en
pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había
sitio para ellos en la posada.
Había en aquellos campos unos pastores que pasaban
la noche en pleno campo cuidando sus rebaños por
turnos. Un ángel del Señor se les presentó, y la
gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces
sintieron mucho miedo, pero el ángel les dijo:
«No teman, pues les anuncio una gran alegría,
que lo será para ustedes y para todo el pueblo:
les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un
Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto les
servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en
pañales y acostado en un pesebre».
Y de repente se reunieron con el ángel muchos
otros ángeles del cielo, que alababan a Dios
diciendo:
«¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra
paz a los hombres que gozan de su amor!»
Lucas
2, 1-14)
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